Más de diez besos

Te susurra el viento, que vela por mi nunca ajetreado silbar,
cuántos miedos te conté entre mis silencios.

Orígenes de mis noches
las palabras naufragan en tu nuca desolada, desnuda;
Y aquí como en una orilla,
beso los pies suaves que acarician
ahora el camino de tu médula.

Arena fina que bautiza
tus cervicales,
y como río que dibuja el horizonte
de un nuevo paisaje,
sube las dunas de tu cintura
para que al deslizante surgir
de una erótica lluvia de abril,
mis dedos resbalen
por tus caderas
y así llegar al destino de cualquiera,
naúfrago,
el lago saciante oculto entre los manjares de una selva,
la nuestra.

Ya aquí no hay nada más que hacer,
tan solo olvidé tus pies
y ante esto es sencillo lo que debo hacer;
recorrer dedo a dedo contando por cada uno
los besos que no te conté
y no es que sean diez.
Porque por cada uno
haría mis trampas para destinarlos
a que sumaran cien.

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